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En 1913, Vladímir Lenin describió la gasificación subterránea del carbón (UCG, por su sigla en inglés) como la “gran victoria de la tecnología” que liberaría a los obreros de los peligros del trabajo en las minas. Hoy, en el sudeste de Queensland, Australia, la llaman “Syngas: la energía del infierno”. La gasificación subterránea del carbón es un proceso industrial que genera grandes cantidades de contaminantes del aire y también del agua. No es solo por ello que el medio ambiente está en peligro, sino también por la industrialización de tierras agrícolas estratégicas. La experiencia australiana ha demostrado que la industria no puede controlar completamente las emisiones tóxicas y que la UCG conlleva riesgos importantes para la salud humana, la agricultura y el medio ambiente.

Con ese breve resumen y sugerente título se inicia el informe sobre la gasificación subterránea de carbón elaborado por la Dra. Mariann Lloyd-Smith, de la National Toxics Networks (NTN), publicado en Australia en noviembre de 2015. Se trata de un trabajo de gran valor, que nos introduce al mundo de la UCG a la luz de la experiencia australiana. Esa misma que en los últimos años fue presentada como modelo a seguir… Les compartimos el lado B.

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